domingo, agosto 06, 2006

Atesorar la memoria (segunda parte)

Era cierto. La presencia de la poetisa me había hecho olvidar que estaba a cargo de una parte importante de la velada, y las gargantas secas de los presentes me reclamaban el cumplimiento de mi obligación. En realidad había sido yo el que pidió el honor de seleccionar la bebida, pues como ya lo he dicho la ocasión me pareció magna y digna de ser celebrada. Por esa razón, antes de llegar al gabinete pasé por la calle de Reloj Tuerto para comprar un vino adecuado, y afortunadamente encontré lo que buscaba. La calle de Reloj Tuerto no se encuentra en ninguno de los mapas de este mundo. Para encontrarla hay que pasar a la esfera en la que viven los muertos, y para eso hay que estar muerto, por lo menos en parte, como yo. En esa calle se puede comprar casi cualquier cosa que haya existido, siempre y cuando se tenga el motivo para hacerlo. Ya después explicaré con calma la mecánica precisa de ese asunto particular, y me baste decir ahora que conseguí cuatro botellas de a tres cuartos de litro cada una de vino tinto Undurraga, Pinot, cosecha 93. Es un vino que ya no se consigue en la tierra. Es delicioso y embriagador, y me trae buenos, muy buenos recuerdos. A fin de cuentas esa fue la moneda que me permitió comprarlo, y lleno de satisfacción lo serví a la concurrencia, la cual aprobó mi elección. En las mesitas ya estaba el pan, el queso y algunas delicias peninsulares traídas por Furbazc a su paso por España. Sylvia no bebió, aunque sí probó los bocadillos en tanto escuchaba las palabras del espía, que retomaba su discurso.
"Nuestro amigo Antonio, a juzgar por lo que nos ha contado en ocasiones anteriores, está enamorado de usted, y no tanto de su poesía, aunque es claro que la aprecia en lo que vale y le conmueve. Se abisma en cambio en la lectura de sus diarios, de sus cartas, como si la verdadera poesía estuviese en cada uno de los días que usted pasó en la tierra, y en la forma en la que los ha narrado. Ciertamente, su obra no se entiende a cabalidad si no se conoce su vida o, mejor dicho, cada poema cobra un nuevo sentido al conocer la experiencia que lo inspiró. Con usted, Sylvia, no hay poesía que no brote del suceso, del sufrimiento de cada día magnificado, como en un microscopio, por la sensibilidad y poder creativo de la artista, toda su obra se encuentra apostillada por página tras página de diarios bellamente escritos, meticulosamente narrados por la pura necesidad de ser precisa en la emoción; porque la emoción es color, es olor, es la suavidad o aspereza de las cosas que se tocan, de las palabras que se escuchan o se leen. Y dos personas no pueden sentir nunca la misma cosa de la misma forma. Es eso de lo que la verdadera creación se trata. La imaginación se aplica a lo que se vive, y de la mano del genio aparece la obra de arte única, inimitable".
"Pero, si realmente es como dices, ¿Cómo es entonces que los poemas de Sylvia tocan en mi corazón fibras tan sensibles, si es que no conozco su vida como la conoce maese Juan Antonio, o como parece conocerla usted, mi querido Miluzc?" Observó el profesor Thinmar genuinamente intrigado.
"Eso sucede porque a todos nos rodea el mismo mundo, y entre nosotros compartimos muchas experiencias comunes, y el poeta nos ayuda a ver cosas existentes en dichas experiencias que la mayoría de nosotros no puede ver. Sin la ayuda de la poesía la mitad del mundo permanecería irremisiblemente oculta a nuestros ojos. Es por eso que los poetas son tan necesarios, porque sin ellos no podríamos ver esa otras mitad de la creación que reposa en espera de ser interpretada".
"Sigo sin entender -insistió Thinmar no sin cierto fingimiento, pues le encantaba escuchar a Furbazc una vez que lograba hacerlo hablar- ¿cual es esa mitad del mundo a la se refiere? ¿O es que acaso necesita la ayuda de la poesía para explicar eso también?
"Por supuesto, porque las cosas ocultas también necesitan de un lenguaje oculto. Pero ese lenguaje secreto, que está más allá del lenguaje común, es el dominio exclusivo del poeta. ¿Y saben cuál es la verdadera maravilla de esa forma de comunicar lo oculto, lo realmente importante? Pues que para ello se usan las mismas palabras de todos los días: flor, cama, cielo y tierra, por ejemplo; solamente que -dichas por el poeta- esas palabras no se refieren a una flor, a una cama, al cielo o a la tierra; sino a otra cosa. Eso es lo que quiero decir cuando hablo de que la mitad del cosmos, la mitad esencial, la más sutil, y aquella en donde se encuentra el camino por el que podremos algún día regresar al lugar del que venimos; que por supuesto no es éste, necesita ser revelada por la poesía. Es por eso que no podemos prescindir de Sylvia Plath, ni de nadie que haya podido asomarse, siquiera por un momento, a ese mundo que nos fue robado el día de la caída, en el cual uno no envejece, porque el tiempo no significa nada”.
Todos callamos por un momento. Tratábamos de digerir las palabras dichas por Miluzc Furbazc sin que nadie supiera de dónde las había sacado. Usualmente es un hombre callado, como a su oficio es lo adecuado, y sin embargo sabíamos que de vez en cuando podía decir cosas dignas de ser meditadas. En una esquina del gabinete el profesor Thinmar le susurraba a Sylvia la traducción de lo que el espía acababa de decir.
"Dear friend -repuso ella- with me, the present is forever and forever is always shifting, flowing, melting". Sylvia Plath caminó unos pasos hasta el centro de la habitación y continuó.
"This second is life. And when it is gone it is dead. But you can't start over with each new second. You have to judge by what is dead. It's like quicksand ... hopeless from the start. A story, a picture, can renew sensation a little, but not enough, not enough. Nothing is real except the present, and already, I feel the weight of centuries smothering me..."
Esas palabras. Esas palabras no eran nuevas para mí, estaba seguro de haberlas escuchado antes en otra parte, y miré a nuestra invitada para decirle con la mirada, con una sonrisa, que había entendido. "It's your journal, right?" Le pregunté en silencio, convencido de que se trataba de una página del diario que escribió cuando tenía unos 18 años, y que de hecho se trataba de uno de mis pasajes favoritos. Siempre me había preguntado cómo una joven de esa edad podía tener semejante profundidad en su juicio, y tanta poesía en sus palabras. Ahí estaba, frente a mí, dándome a entender que solamente era cuestión de decir la verdad, venciendo todo lo que a ello se opusiera. Sylvia siguió entonces con aquella parte de su registro que más me conmueve, que es una lección de vida y que nunca he podido olvidar desde que la leí por primera vez. Dijo:
"Some girl a hundred years ago once lived as I do. And she is dead. I am the present, but I know I, too, will pass. The high moment, the burning flash, come and are gone, continuous quicksand. And I don't want to die."
"Some things are hard to write about."
Digo. Thinmar sonríe, y dice a los circunstantes:
"Creo que una buena manera de terminar esta velada y rendir homenaje a nuestra invitada sería pensar seriamente en conseguir un cuaderno y ponernos a escribir. Quiero decir, los que aun tenemos tiempo y oportunidad de hacerlo, pues una vez que abandonemos la vida mortal no seremos recordados sino por aquellos escritos que dejemos detrás. De otro modo, nuestros hechos se desvanecerán en las generaciones. No debemos hacerlo solamente por nosotros, sino por aquellos que han de vivir después de nosotros y nos buscarán en las profundidades del tiempo. Ahí está maese Juan Antonio, quien llevará nuestras palabras a quienes quieran escucharlas por un medio parecido al diario, y en realidad el medio no importa tanto, sino que nunca olvidemos que cada día, cada momento de nuestras vidas es único e irrepetible, y que nuestras palabras permanezcan, para así poder al fin perder el miedo a morir".
Otro silencio, y la voz del perverso Georg que dice "¡Brindo por eso, y por los muertos!
Así termino la velada, no sin que antes le pidiera a Sylvia su autógrafo en el ejemplar que tengo de sus diarios y que llevaba preparado para la ocasión. Ella, graciosamente, aceptó; aunque lamento no poder publicar lo que me escribió, y prefiero guardarlo para mí.

No hay comentarios.:

Irgendwo auf der Welt
fängt mein Weg zum Himmel an;
irgendwo, irgendwie, irgendwann.